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Cartas

Desde Dislexia sin Barreras queremos promover vuestra colaboración. Son muchas las cartas que recibimos en las que contáis vuestra odisea diaria en relación a la Dislexia. Desde aquí pretendemos dar difusión a aquellas que puedan resultar interesantes para otros socios.

·        Cartas en 20 minutos

·        Una Lectora escribe

·        Carta de Gloria

·        Javier nos escribe

·        María y la vuelta al cole

Cartas en 20 minutos:

A raíz de la publicación el día 27 de septiembre de la carta de Ana en el diario 20 minutos (ed. Madrid), se ha desatado una frenética publicación de nuevas cartas y comentarios en la Web de 20 minutos.

Ana escribe:

<Mi hijo tiene nueve años y es como cualquier niño. A algunos compañeros de su clase «no se les da bien» dibujar, pero no pasa nada.

A mi hijo no se le da bien leer y escribir, y está fracasando en el colegio.

Este año, un compañero le felicitó porque había logrado pasar de curso, otro le dijo que no valía para nada... A mí me duele, pero no puedo decir a esos niños que mi hijo tiene dislexia, no lo entenderían. Él cuando escribe cambia el orden de las letras, omite alguna, las escribe en espejo... Su lectura es lenta y se suele confundir, tarda mucho en hacer los deberes, pero es un niño muy inteligente.

En su colegio no quieren reconocerle su problema, así no tienen que ayudarle. En el que iba hace dos años, su tutora le tiraba del pelo. La LOE reconoce a los alumnos con dificultades específicas de aprendizaje, pero parece que algunos profesores no, pues siempre se escudan en que tienen muchos niños.

Me dan ganas de no llevarle al colegio, pues casi todo lo que sabe se lo he enseñado yo: leer, escribir, multiplicar, dividir...

Hace un año conocí la Asociación Dislexia sin Barreras (www.dislexiasinbarreras.com, 902 995 012), y al menos él se siente identificado con otros niños en su misma situación, y yo con otros padres, aunque vivo angustiada día a día por no poder ayudarle.>

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Una Lectora escribe:

<Hola, quisiera felicitarles por su trabajo y por haberme hecho entender que las personas como nosotros no somos “tontas” o “retrasadas”, y que podemos aprender tanto o mejor que un niño sin estos síntomas.

Tengo 36 años, y como en algún caso que ya he leído, nuestro fracaso escolar y frustración ha sido motivada por una no detección en el colegio o por los padres.

Recuerdo que de pequeñita confundía la b con la q, o con el 9.

Siempre fui mediocre en el colegio y, efectivamente, no prestaba atención en las clases porque no entendía bien las explicaciones, motivo por el cual me desconectaba. La solución en mi época fue hacerme repetir curso sin llevar a cabo un estudio o un análisis de mi situación. Además yo era muy tímida y me encerraba en mi misma ya que me avergonzaba de ser la torpe de la clase. Mis padres simplemente no entendían mis malas notas y me castigaban.

Poco a poco he ido saliendo adelante, aunque siempre me ha costado mucho estudiar, sobre todo retener lo leído y exponerlo por escrito; no obstante, recordaba las cosas “visualmente”.

Todavía hoy arrastro muchas de estas secuelas pues por mi profesión tengo que hablar en público y, a veces, me quedo “en blanco” o no me expreso bien.

Me alegro que los niños de hoy en día tengan una buena atención, tanto por parte de los educadores como de los padres. Probablemente yo hubiera podido llegar más lejos si mi problema se hubiera detectado y atendido, aunque puedo dar gracias de cómo soy. Pronto seré madre y si mi hijo tiene este problema, o cualquier otro, lo sabremos afrontar sobre todo con mucho amor y comprensión.

Un saludo.

Una Lectora >>

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Gloria escribe:

<Mi hijo tiene 9 años y es disléxico y para mi es como un ángel con un ala rota que le impide volar tan rápido, pero no más alto, que los demás. Un ala rota que le hace sentirse diferente.

Mi hijo lucha y se esfuerza. Lucha por no asumir el papel que el centro escolar pretende adjudicarle. Lucha para no desmoronarse cuando después del colegio tiene tres horas más de trabajo en casa. Lucha cuando su tutora en lugar de ayudarle y comprenderle le señala con grandes círculos rojos las faltas de ortografía.

Mi hijo se sabe disléxico, pero no sabe cuales son sus derechos.

Mi hijo tiene un cociente intelectual alto, es sensible y responsable.

Se ha sometido estoicamente a miles de pruebas y evaluaciones. Siempre más y más presión para llegar.

En el cole, a pesar de todos los informes que les hemos presentado, insisten en que debería leer un número determinado de  palabras por minuto (¿como los loros?), o saber las tablas de multiplicar más ágilmente para poder pasar de cuarto de primaria al siguiente curso.

Se estudia todas las lecciones y las asimila a la perfección, intenta mejorar su letra y presentaciones, pero su profesora le sigue llamando chapucero.

Sus compañeros tampoco le entienden porque su profesora pasa de hacerles comprender que no es el “paria” o el “zoquete".

Tiene una mesa separada del resto porque se distrae pero no le conceden ningún tiempo extra para resolver los problemas de matemáticas.

Nosotros sus padres:

Intentamos asesorarnos y recibimos respuestas de desaliento como:

"Frente a un centro privado de enseñanza tu hijo no tiene ningún derecho"; "si te enfrentas al cole le pondrán en la calle o le amargarán la vida, le harán repetir etc. etc."

Escribo al Ministerio de Educación consultas sobre la legislación que pueda ampararme y nunca responden a mis escritos vía Web o e-mail a atención al ciudadano.

Tengo mi propia empresa que sacar adelante  y dejo abandonado todo para hacer consultas que nunca me llevan a ninguna parte.  Es como correr en un sueño y no moverse del sitio.

No quiero renunciar a nuestro derecho a elegir el centro de educación (en este caso privada) para mi hijo.

¿Quién puede escuchar a los padres que estamos desorientados? ¿Quién puede dar una solución más eficaz que recomendar: "busca otro colegio..."? Sabemos que  mi hijo no soportaría ese fracaso personal, no soportaría el desarraigo y le humillaría no pasar de curso cuando ha trabajado tanto, cuando simplemente no lee tan rápido como sus compañeros y tiene mala letra, o en los exámenes de matemáticas no le da tiempo a copiar los enunciados de los problemas.

Debería haber instrumentos legales adecuados para defender a estos niños y a sus familias. Esta lucha es agotadora en solitario, y se dan muchos palos de ciego sin herramientas de información y ayuda EN POSITIVO, no con ideas en negativo.

Gloria

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Javier: <Mis más gratos saludos, me llamo Javier y tengo 24 años. La verdad es que se me hace un poco difícil explicar mi situación, ya que siempre he sentido que algo me pasa y no tenía idea de qué era hasta que en una de mis clases en la Universidad hace unos años una profesora me corregía un examen y me llamó a parte para preguntarme si yo era disléxico, porque mi ortografía era pésima e invertía algunas letras.

La verdad es que no tenía ni idea del significado de la palabra dislexia, pensé que me trataba de loco o algo así. Deje pasar los años y una noche acostado en mi cama, en la cual me dedicaba a pensar (único lugar donde logro una concentración completa) se me vino a la mente la profesora y lo que me había preguntado. Tratando de encontrar el significado de la palabra "dislexia" me senté ante mi ordenador y me dispuse a investigar.

Para mi asombro encontré una definición y los síntomas de una persona con dislexia. Me di cuenta de que muchos de ellos los sufro como: 1. Distracción, 2. Memoria a Corto Plazo, 3.  escasa capacidad de atención, 4. mala ortografía, 5.y mi forma de pensar o visualizar las cosas.

Todavía puedo recordar el primer libro que leí por completo y fue a los 18 años "La Casa de los Espíritus” de Isabel Allende; para mi fue como llegar a la LUNA.  ¡Guau! mi primer libro por primera vez en mi vida... En el colegio la pasaba muy mal en la materia de Lengua cuando nos mandaban las novelas para su lectura.  Creo que en la gran mayoría de los exámenes fracasé ya que me daba mucha pereza el sentarme a leer, además de que cada vez que tomaba un libro, a media lectura de una página se me aparecía un punto borroso al cual mis ojos seguían de la nada, y cada vez que recapacitaba en lo que me pasaba y volvía a la lectura, se me olvidaba el lugar o palabra en la que me había quedado, esto me causaba tal frustración que desistía de la lectura y cerraba el libro.  Con el tiempo me di cuenta de que no me iba nada bien con los libros y decidí prestar mi total atención a lo que el profesor dictaba en clase, y así al momento de los exámenes tratar de recordar lo que el profesor había dicho, ya que soy de los que o ponen atención en clase o escriben, pero se me hace difícil hacer las dos cosas a la vez.

Lo que me gustaría saber es si lo que me pasa es que tengo Dislexia, ya que nunca antes he recurrido a ningún sitio para confirmarlo.

Espero no haberos aburrido con mi relato.>

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Con motivo de la vuelta al cole, María nos escribe (Septiembre 2005):

<Después de las vacaciones de verano me pongo en contacto con vosotros tras una semana muy movida de incorporación al cole. El cambio de colegio para Diego está siendo por ahora muy positivo. Ha salido de un colegio concertado y ha pasado con su hermano, que empieza este año, al colegio público.

Es muy pronto para valorar nada, pero el ambiente es más relajado, menos masificado, y eso se nota en que Diego está mucho menos ansioso y con mejor disposición para ir al cole. La dirección, la jefa de estudios y los profesores son más accesibles y la comunicación con ellos está siendo mucho más fácil. La verdad es que, si bien es pronto, estoy encantada. El simple hecho de que la ansiedad de Diego por volver al cole haya disminuido, hace las cosas más fáciles. Sólo ha vomitado el segundo día, al ir a entrar. Le llevé a casa, le cambié y volvimos al cole. El trato amable de la conserje del centro y el quitarle importancia ayudó mucho para que Diego superara ese ataque de ansiedad. Diego se pone enfermo cuando va al cole y sin poder evitarlo acaba vomitando, o bien se opone absolutamente a ir.

La profesora de este año, 3º de primaria, ya está al tanto y dentro del lío que es esta primera semana, ya estamos citadas para la semana que viene.

Ojalá todo vaya bien.   Ahora me siento mucho más relajada, me voy a tomar las cosas con tranquilidad, y si bien trato de no reñir con Diego, de intentar hacer las cosas agradables, al final toda esa tensión la voy acumulando y la que acaba extenuada soy yo.

Este rollete que os cuento, que supongo será común a todos los padres de niños disléxicos, me hizo pensar en la necesidad de, o bien tener a alguien que cuide a Daniel (mi hijo pequeño) mientras estoy con Diego, o bien tener una persona especializada que ayude a Diego. Esto último me parece más adecuado. Eso nos liberará a los dos de la tensión que inevitablemente se acumula al trabajar juntos, a pesar de que creo que tengo mucha paciencia. Aparte de que creo que Diego se centrará mejor con una persona que no sea su madre superplasta.

Espero que las vacaciones os hayan ido muy bien, y que el comienzo de curso haya sido bueno o, al menos, esperanzador.

Me despido. Saludos. >

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